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Programa de Mano

  Lugar: Teatro Gayarre
  Día: 18 Mayo 2008
  Hora: 12:30 horas
  Director: J. Vicent Egea


Alfred Reed y Philip Sparke son dos de los “culpables” de que la música para orquesta de viento haya alcanzado las máximas cotas de calidad. En sus obras siempre se exige del intérprete una aportación extra. Gracias a La Pamplonesa podemos disfrutar de programas poco comunes por su dificultad, como en el caso de hoy. De él podemos decir que supone todo un desafío y como tal debe valorarse.

Alfred Reed (1921-2005) comenzó su relación con la música a los diez años en su New York natal. Tras sus inicios con la trompeta se interesó en el estudio de armonía y composición. Durante la 2ª Guerra Mundial estuvo destinado en la Banda de la Fuerza Armada Aérea. Tras la guerra comenzó una exitosa andadura como compositor, director y arreglista de obras para radio, televisión y cine. Profesor de música en la universidad de Miami desde 1966, compaginó su labor docente con la composición y dirección hasta su jubilación en 1993. Con más de 200 trabajos publicados, Alfred Reed ha sido uno de los compositores más prolíficos para orquesta de viento o formaciones similares. Varias de sus obras más exigentes forman parte del repertorio habitual de La Pamplonesa. En 2005, con ocasión de su fallecimiento, se le homenajeó en forma de concierto monográfico.

Junto con su anterior 2ª sinfonía, la Sinfonía nº 3 (1988) supone un acercamiento a la modernidad. El perfecto ensamblaje de las familias del viento-madera, viento-metal y percusión, junto con la mezcla de elementos técnicos pasados y presentes, crean un ambiente único y un estilo claramente personal. El primero de los tres movimientos de que consta es a su vez una forma ternaria (ABA). El dramático tema principal (A) Pesante e molto sostenuto precede a un Allegro Agitato (B) de carácter tenso y disonante a través del cual Reed muestra todos sus recursos. El retorno al tema inicial (A) hace que el movimiento concluya como comenzó. El segundo consiste en una serie de variaciones sobre “Porazzi”, uno de los últimos temas compuestos por Richard Wagner (1813-1883) y que hace referencia a la villa italiana donde Wagner y su familia vivieron durante varios meses. El ambiente está cargado de romanticismo en recuerdo de su mujer Cosima, hija de Liszt. Por último, el Allegro deciso final nos recuerda que estamos ante una obra muy exigente en todos los aspectos. En forma de doble fuga los temas aparecen y desaparecen, se combinan y desarrollan de forma precisa por todas las familias instrumentales hasta la apoteosis final. La sinfonía se realizó por encargo de la United States Air Force Band y su estreno tuvo lugar en abril de 1988 en Indianápolis.

Philip Sparke nació en Londres en 1951, donde estudió composición, trompeta y piano en el Royal College of Music. Además de pertenecer a la orquesta de viento de esa institución, formó su propia Banda de Metales, escribiendo obras para ambos conjuntos. A raíz del estreno de Concert Prelude (1975) para banda de metales y Gaudium para orquesta de viento, recibió numerosos encargos para componer nuevas obras. Su música es referente en los concursos de Bandas de Nueva Zelanda, Suiza, Holanda, Australia, Japón, etc. y en dos ocasiones ha compuesto para las finales nacionales que tienen lugar en el Royal Albert Hall londinense. Varias de sus composiciones han ganado los más prestigiosos premios y su actividad como director le ha llevado a la mayoría de los países europeos, además de Australia, Nueva Zelanda, Japón y Estados Unidos. En mayo de 2000 formó su propia editorial Anglo Music y en septiembre del mismo año fue premiado por la Organización de Músicos por sus servicios a las Bandas de Música.

Music of the spheres (Música de las esferas) es una de sus composiciones más recientes (compuesta en 2004) y refleja la fascinación del compositor con el origen del universo y el espacio profundo en general. Se compone de diversas secciones (sin interrupción entre ellas) que describen diferentes conceptos. El título viene de la teoría formulada por Pitágoras allá por el siglo VI a.C., según la cual cada uno de los seis planetas conocidos entonces produce un sonido musical y su combinación crea una melodía celeste (la cual, desafortunadamente, los humanos no podemos oír). En esta obra Sparke toma como base estos seis sonidos que proporcionan esta armonía cósmica. La obra comienza con un solo de trompa llamado t=0, nombre dado por algunos científicos al momento del Big Bang en el que el tiempo y el espacio fueron creados. A éste le sigue el propio Big Bang, momento en el que todo el universo surge de un único lugar. Una sección más lenta, El planeta solitario, es una especie de meditación acerca de la creación de la  tierra como planeta que tiene vida, así como de la constante búsqueda de otras civilizaciones a lo largo del universo. La sección Asteroides y estrellas fugaces describe los peligrosos objetos que surcan el espacio y que constantemente golpean nuestro planeta. Después llegan La música de las esferas (que da nombre a la obra) y Armonía, protagonizadas por los 6 sonidos en los que se basa la teoría pitagórica. Es el momento principal de la obra, en el que la armonía del universo proporciona una gran serenidad. La obra termina con Lo desconocido; a través de una especie de caos se llega a  un final apoteósico que sugiere la continua exploración del universo, así como su expansión y quizá su destrucción. Su estreno tuvo lugar en 2004 en Glasgow a cargo de la Yorkshire Building Society Band.


Luis Mª San Martín Urabayen