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El concierto al que hoy asistimos es el primero del ciclo de “conciertos extraordinarios” que
La Pamplonesa ofrecerá en este Teatro Gayarre a lo largo del año 2012 y al que desde aquí les sugiero que no deben perderse. Además ofrecerá numerosos conciertos en distintos puntos de la ciudad y estará presente en las celebraciones de mayor trascendencia para Pamplona. Y también fuera de ella en funciones de embajadora cultural.
Volviendo al concierto, éste tiene todo lo necesario para ser extraordinario si entendemos el significado del término como “fuera de lo común”. Su repertorio es de máxima exigencia y requiere un gran esfuerzo personal y colectivo. Bajo el título de
Música europea para banda escucharemos obras originales para esta formación compuestas en los siglos XX y XXI. Sí, sí, han leído bien, el siglo XXI. Hoy en día y al contrario de otras agrupaciones musicales más reconocidas, prácticamente solo la música para banda nos permite comprobar que en este siglo la creación musical existe. Y no solo existe, sino que sus posibilidades y su dificultad son cada vez mayores a través de la exploración tímbrica de los instrumentos y de un cambio estético en el que las líneas melódicas de gran belleza son compatibles con las complejidades rítmicas y las tensiones sonoras que las nuevas técnicas compositivas proporcionan. Todo ello da como resultado un repertorio acorde con la modernidad de la vida actual, al que no podemos sustraernos como no lo hicieron los compositores de siglos anteriores, empeñados en mostrar la actividad musical de su tiempo presente, ni el público, ávido de escuchar nuevas creaciones.
Desde comienzos del siglo XX, los compositores “clásicos” se dieron cuenta de que las bandas proporcionaban posibilidades que las orquestas sinfónicas no podían. Uno de los momentos claves fueron las décadas situadas entre los dos conflictos bélicos a nivel mundial. En ese momento de transformación autores como Britten, Holst, Hindemith, Schoenberg o Vaughan Williams, compusieron obras muy interesantes para esta formación. El caso de Vaughan Williams (1872-1958) lo tenemos presente a través de su
Toccata Marziale, compuesta en 1924 para banda militar. Toda ella es energía, algo así como una inyección de moral en aquel momento tan difícil. El estilo musical de Williams fue descrito en su época: “con su música nunca se está muy seguro de estar escuchando algo muy antiguo o muy nuevo”. Salvo este breve ejemplo, el concierto transcurre en manos de autores que han trabajado activamente en el desarrollo de la música para banda. El belga Van der Roost (1956-) posee un extenso catálogo del que
Dynamic es un fiel exponente de su particular estilo. Está compuesta en 1997 tras el encargo de una planta industrial japonesa para que su banda la interpretara y celebrar así su 40 aniversario. El hecho de que una fábrica tenga una banda de música puede resultar extraño, pero fue algo habitual no hace mucho como en el caso de las regiones mineras de Inglaterra. La fanfarria inicial de los metales nos sitúa en el contexto de la celebración, mientras que el resto de la obra representa el frenético ritmo de trabajo de la fábrica y el perfecto ensamblaje de todas las piezas.
Athenea, del director de
La Pamplonesa J. Vicent Egea (1961-), es un homenaje a la tarea realizada por su tío José Insa Martínez como fundador y director de la
Sociedad Ateneo Musical de Cocentaina. A través del nombre de la diosa griega que representa la guerra, la sabiduría y las artes, utiliza temas del pasodoble
Ateneo Musical Contestá compuesto en 1985 por José Insa, combinados con numerosos temas originales. Estrenada el 24 de octubre de 2010 para conmemorar el 25 aniversario de dicha entidad, a través de sus tres movimientos recrea todo tipo de ambientes relacionados con ella para finalizar de manera apoteósica.
El valenciano Carlos Pellicer (1977-) pertenece a la última hornada de autores dedicados casi en exclusiva a la música de banda y que aportan nuevas dosis de modernidad.
Jad a daJ fue premiada en 2009 en el Concurso Internacional de Composición para Banda de Corciano (Italia) y se estrenó en Castellón ese mismo año. Su título, a modo de palíndromo, proviene de la combinación de varios recursos compositivos. La obra explora el contraste de la amplia gama de sonidos proporcionados por el viento y la percusión. Por último,
Rubicón, del belga Bert Appermont (1973-), está compuesta en 2003 y relata el paso del río Rubicón (Italia) de las tropas de Julio César en el año 49 a.C. para luchar contra Pompeyo por el poder de Roma. Sus tres secciones describen la escena y sus posteriores consecuencias. La primera,
Meditación, simboliza el momento en que, atormentado por las dudas, César pide ayuda a los Dioses para tomar la difícil elección de luchar contra su propio pueblo y provocar una guerra civil, momento relacionado con su famosa frase
Alea Jacta Est -la suerte está echada-. El ambiente preciso se consigue con las vocalizaciones de los músicos y la voz de una soprano que entona
Dona tibi pacem -Dános la paz-. La Batalla de Farsalia rememora la batalla ocurrida en el 48 a.C. en la actual Grecia contra Pompeyo. La escena se recrea con toda su crudeza a través de dos temas que luchan entre sí, con un especial dominio de los instrumentos de metal. Concluida la contienda, música y voz lloran a los muertos en el campo de batalla hasta la tercera sección,
Danza. De ambiente más amable, en ella se honra a la cultura griega -precursora de la romana- con la breve aparición en el oboe del tema original del siglo I d.C. conocido como “Epitafio de Seikilos”. La parte final se construye a partir de una danza popular de aire oriental que lleva, cada vez más rápido, a un final en el que las dudas se convierten en agradecimiento por el triunfo final de César.
Luis Mª San Martín Urabayen
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