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AUTORES AMERICANOS
El título del concierto “Autores americanos” no
lleva implícito un estilo unitario en todos
ellos, sino más bien se corresponde con las
diferentes visiones y propuestas musicales
creadas en un mismo entorno geográfico, como es
el continente americano. Entre ellos hay quien
deja entrever elementos sacados de la tradición
americana y quien mira al futuro sin tener en
cuenta tales aspectos, consiguiendo un resultado
sorprendente por su modernidad. Hoy escucharemos
obras que han nacido en América pero que
responden a multitud de estímulos y estilos
propios y muy personales.
El
neoyorquino Aaron Copland (1900-1990) es el
compositor americano que mejor refleja el
carácter de la música norteamericana. De origen
judío, creó un estilo genuino en el que convive
el estilo tradicional norteamericano con su
educación europea. La Fanfare for the
common man fue compuesta en 1942 por
encargo de Eugéne Goossens, director de la
Orquesta Sinfónica de Chicago. Este mismo
director había pedido a los compositores
británicos durante la 1ª Guerra Mundial
(1914-18) la composición de una fanfarria para
ser interpretada por las orquestas del Reino
Unido al comienzo de cada concierto mientras
durara la contienda europea: "Mi idea es hacer
de estas fanfarrias una conmovedora y
significativa contribución al esfuerzo bélico."
En 1942, en plena 2ª Guerra Mundial y afincado
en EE.UU, solicitó otra a los músicos
norteamericanos que respondiera a esa misma
idea. Copland llamó a la suya "Fanfarria para
el hombre común", ya que según él era el
ciudadano normal y corriente quien sufragaba los
enormes gastos de la guerra.
A pesar
del título, posee un carácter casi heroico,
logrado a través de los instrumentos de viento
metal y de la percusión.
Nacido en La Habana en 1953, Aldo Rafael Forte
estudió música desde los 9 años en Huntsville,
Alabama. Entre sus obras hay desde repertorio
camerístico hasta grandes composiciones para
banda y orquesta.
Como sugiere el título, Van Gogh Portraits
(Retratos de Van Gogh) está inspirada en 5
cuadros del maestro holandés Vincent Van Gogh.
Compuesta en 1996, sus movimientos están unidos
por un motivo que representa al propio van Gogh,
aunque transformado en cada sección.
The Potato Eaters
(Los comedores de patatas) es una pintura oscura
y sombría, en la que a través de las figuras de
los campesinos se muestra la miseria y el
sufrimiento de quien no tiene nada.
La música refleja lo trágico y sombrío de la
pintura, con un sonido oscuro y grave. El motivo
de Van Gogh es presentado en primer lugar por el
bombardino solista.
La Berceuse
es el más alegre y refleja el retrato de la
señora Roulin, la esposa del cartero de Van Gogh.
La música retrata a la oronda mujer mediante los
metales graves. La interrupción del discurso por
el glissando del trombón y el bombo recuerdan a
una madre que interrumpe continuamente una
conversación.
El motivo de Van Gogh se escucha en el tutti
final del movimiento.
Los
Zuavos
es breve y en él destaca la percusión, ya que
representa el desfile de los Zuavos o soldados
de origen magrebí que marcharon junto a las
tropas europeas de Napoleón. La música comienza
lentamente pero poco a poco va acelerándose. El
Tom-Tom simboliza el sonido de las pesadas botas
contra el suelo, mientras que los platillos
recuerdan su origen oriental. The DrawBridge
se inspira en el puente levadizo de Langiois.
Es el más delicado y se reconocen sonidos
acuáticos como las cascadas en el clarinete
principal, el agua agitada en los trinos de
clarinetes y el golpe del agua en la orilla a
través del timbal. El clarinete bajo representa
la niebla que recubre la escena y las idas y
venidas de los metales simbolizan la apertura y
cierre del puente. En este ambiente el clarinete
entona el motivo del artista para volver a la
calma y a los sonidos del agua. El último,
Self Portrait of the Artiste (Autorretrato
del artista), fue realmente el primero en ser
escrito. Representa el último retrato de Van
Gogh, pintado apenas meses antes de su suicidio.
La música presenta cambios bruscos en las
emociones que van desde la ira y la confusión
hasta el júbilo y un estado catatónico casi
hipnótico, en el que el tiempo parece detenerse.
Finalmente, la ansiedad de la música crea un
clímax en el que el motivo de Van Gogh está cada
vez más caótico y disonante hasta su suicidio
con balas de plomo. Una sección lenta simboliza
la importancia de su legado artístico y la coda
final es brillante y alegre.
Vincent
Persichetti (1915-87) nació en Filadelfia,
Pensilvania. Estudió piano, órgano y contrabajo
en el Combs College of Music y teoría de
la música y composición con Rusell King Miller.
Con apenas 10 años ya ofrecía actuaciones y con
20 era el jefe del Departamente de teoría y
composición. En 1945 obtuvo su doctorado y desde
1947 fue profesor en la Juilliard School of
Music, donde enseñó a Rautavaara, Michael
Shapiro y Philip Glass, entre otros muchos.
Persichetti es una de las figuras principales en
la música norteamericana del siglo XX.
Inicialmente influenciado por Stravinski, Bartók,
Hindemith y Copland, a partir de los años 50
desarrolló un estilo propio. Su música abarca
gran variedad de estilos compositivos del siglo
XX y está marcada por el contraste entre un
elegante lirismo y una gran fuerza rítmica.
Tiene 14 obras para Banda Sinfónica entre las
que se encuentra esta sorprendente 6ª
sinfonía en 4 movimientos.
Alfred Reed (1921-2005) es uno de los
principales autores de música para Banda
Sinfónica. Formado musicalmente en su New York
natal, durante la 2ª Guerra Mundial estuvo
destinado en la Banda de la Fuerza Armada Aérea.
Tras la guerra fue compositor, director y
arreglista de obras para radio, televisión y
cine. Desde 1966 enseñó música en la Universidad
de Miami, compaginando su labor docente con la
composición y dirección. Con un catálogo de más
de 200 composiciones, algunas de sus obras más
exigentes forman parte del repertorio habitual
de La Pamplonesa. Buen ejemplo es
Praise
Jerusalem
(Alaba Jerusalén): Variaciones sobre un himno de
Pascua armenio.
Compuesta en 1986, el hilo conductor de la obra
es una antigua melodía del siglo VII con el
texto:
¡Alaba al señor Oh Jerusalén; Cristo ha vuelto
de la muerte, Aleluya!. La estructura de la
obra es la de Introducción, tema con cinco
variaciones y Final, todo ello desarrollado a
partir de elementos del tema original. En la
introducción se presenta el tema principal
describiendo el mayor de los milagros:
la tumba está abierta y la tierra tiembla. En el Finale vuelve este
tema de una manera casi gloriosa. Las cinco
variaciones exploran todas las posibilidades
musicales de esta melodía, valiéndose de todos
los recursos posibles de la moderna orquesta de
viento.
Luis Mª San Martín Urabayen
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